Dicen que un día acaba. Inesperado. Pero y si llevas esperando meses encerrada en ti misma, distanciada de lo real, sin esperanza. Un día acaba. Pregunto. Quiero que acabe. Me pregunto. Que poco sé ya, del miedo, de mi misma, de la realidad, mis ironías. Que cada cicatriz me de un poco más de vida, cada trago un recuerdo más claro, cada calada más alivio, ¿de qué? si hace tiempo que intento escapar, huir, sin saber hacia donde, o de qué.
Todo se ha convertido en contradicciones, tan confuso como esos escalofríos en pleno agosto, los sudores en diciembre, y... la primavera. Mi jodida primavera. Que se lleva todo, que no me deja vacía porque ya lo estaba. Y sigo a base de impulsos, de respiraciones aunque ya no sepa para qué, si cada día que suena la alarma le veo un poco menos de sentido a intentarlo. Si cada día me derrumba más el miedo, ese que hace ya tres primaveras que se hizo conmigo, ese que condiciona y destruye. Tal vez también intoxica. Pero me desgarra tanto, me da tanta rabia que tal vez por el orgullo de que no me gane en mi propia partida sigo intentando lo de respirar. Pero nunca he sido muy orgullosa, siempre se me acaba el orgullo a mitad de partida. Entonces qué.
domingo, 19 de mayo de 2013
domingo, 14 de abril de 2013
miedos
Creo que si algo me da miedo es el tiempo. Asusta. La de caminos que vamos atajando por no verlo pasar. Como si tuviera algún sentido. Que nunca vaya a gusto, siempre queriendo pararlo, acelerarlo... y que tenga tanto sobre nosotros. Esos miedos que te hacen temblar. Pero temblar también puede ser bonito, también podemos reventar de miedo hasta que sea los único que nos quede.
Pero, ¿sabes? a veces tienes tanto miedo que... no sé, es tan fácil no decir nada, y no intentar explicar ese millón de cosas que llegas a sentir en un mismo minuto. Tanto miedo que esas letras que antes te salvaban ahora ya no tienes claro si te ahogan más o te intoxican. Te intoxican como recordar que hace apenas unos meses era rutina lo que ahora te lleva horas y horas sacar. Porque sabes, a veces prefieres pensar que todo es más artístico guardado dentro de uno mismo. Guardarte las letras, el daño que llegas a sentir para llegar a sacarlas, el miedo... ese sobretodo.
Pero, ¿sabes? a veces tienes tanto miedo que... no sé, es tan fácil no decir nada, y no intentar explicar ese millón de cosas que llegas a sentir en un mismo minuto. Tanto miedo que esas letras que antes te salvaban ahora ya no tienes claro si te ahogan más o te intoxican. Te intoxican como recordar que hace apenas unos meses era rutina lo que ahora te lleva horas y horas sacar. Porque sabes, a veces prefieres pensar que todo es más artístico guardado dentro de uno mismo. Guardarte las letras, el daño que llegas a sentir para llegar a sacarlas, el miedo... ese sobretodo.
domingo, 24 de febrero de 2013
Ni recuerdos ni desvanecidos.
Solo somos piezas de un gran engranaje. Y mejor que ni si
quiera ser.
Que por ser, ya no soy desde que mi vida se divide en actos.
Antes y después, de nosotros, de ti, de ser piezas, formar parte de algo. “Que
si tú me dices ven lo dejo todo” pero por estas cuatro paredes solo retumban
los “vete” que jamás fui capaz de chillar.
He resumido cada parte que nos hemos saltado, y cada vez que
intento perderme acabo encontrándote. Cómo no voy a querer echar a correr. Si
se me revuelven las entrañas cada vez que marco tu número y me cuesta párrafos
y párrafos no llamarte.
Párrafos y párrafos sin significado. Huecos,
insignificantes. Intentando ser algo en este engranaje. Pero no. No
pertenecemos, intentamos ser imprescindibles y acabamos siendo de repuesto. Así
que nos quedamos en puntos suspensivos, sin saber bien qué somos, si somos. Y cada
vez que intento marcar un punto final acabo relatando esa noche de invierno.
Ya lo he dicho, que odio la puta primavera. Que nunca me ha dado nada que no me haya quitado antes. Ni frío ni calor; ni recuerdos ni desvanecidos. Así que para qué, escribir, sobrevivir, seguir. Para qué.
sábado, 23 de febrero de 2013
Solo para que derribes muros por encontrarme.
Hay noches que no. Que no me libro de mi rabia. Y todo por la puta primavera.
Te juro que antes pasaba noches sin pesadillas. Pero si ya lo dije un día, que hasta que me quede sin nudillos voy a sobrevivir en este aislamiento. A veces duele, lo de esconder las emociones entre unos estúpidos paréntesis, ¿sabes? Pero también esto de escribir sin ser leída.
Y es que a veces busco dónde esconderme solo para que derribes muros por encontrarme. Que tontería, ¿no? como lo de dejar la ventana abierta hasta en pleno invierno por si. Porque no voy a ser yo la que te deje ir.
Porque tus cosas siguen igual pero con un poco más de polvo. Que desde que aquí solo hay un armario ocupado, nadie me obliga a salir de la cama y dejar mi libreta por al menos cinco minutos. Y menos mal. Aunque ya no sepa ni qué era eso de escribir con sentido, ya ni recuerdo qué me llevaba a ello si lo único que me sale al coger el boli es nostalgia y recuerdos.
Así que ya me limito a marcar comas que acaban siendo puntos finales. Y ojalá...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
